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¿Así que esto es berlín?
de David Estal
Hoy, domingo tarde, en Valencia, en la cama, con el portátil y con un resfriado que me impide olvidar su origen: Berlín.
Nada parece, todo es. Berlín de hoy, Berlín de ayer, Berlín de siempre, Berlín de nunca. Igual que esta frase que casi no tiene sentido, yo sigo sin entender qué es eso que hemos visitado: Berlín.
Sí, tiene río, el Spreed. Y algunos canales. Y lagos. Y mucho verde. Y muchas ratas.
Sí, tiene metro, tranvía, tren, auntobús y bicis, muchas bicis. Y, aunque pocos carriles-bici, muchas texturas cubren las aceras.
Sí, tiene poca luz artificial. Y no da inseguridad. Bueno, a veces. Sobretodo si el viajero procede de la ciudad de la luz. Y te tropiezas con el monstruo de cuatro brazos que recoge simultáneamente los cuatro cubos de basura de reciclaje distintos. Yo lo vi!
¿Pero?, su comida son muchas comidas internacionales.
¿Pero?, sus barrios son centros y fueras a la vez (in & out).
¿Pero?, su gente (volks), de aquí, de allá y de más allá, sin mestizaje, sin sabor o muy picante.
Los condimentos de esta ciudad no se yuxtaponen, así que Berlín parece una ciudad-collage, en tiempo, en aspecto, y en gente. Una ciudad agridulce que muestra sus muchos contrastes en sucesivas bocas de metro. Una ciudad de ciudades diferentes que se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, que nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí.
Encontramos pues, lo mejor y lo peor de la historia occidental resumida en las calles y edificios de una ciudad con poco humor y demasiada cortesía formal. Así que, en su visita u-banhiana o s-banhiana, hemos dado un intenso repaso a lo subrayado en nuestros apuntes de historia de la arquitectura y urbanismo del siglo XX. Puesto que Berlín es en realidad la historia de cómo el bloque cerrado ha afrontado distintas soluciones hasta transformarse en bloque abierto.
En nuestro desorientado recorrido más de una sorpresa hemos encontrado. Para mí, nada más interesante que la Academy der Kunste de ese arquitecto que no conocía...Düttman. Qué arte! Y nada más moderno que el recorrido por los espacios de transición hacia el interior entre la ritmada columnata del Altes Museum de Schinkel. Qué elegancia! Y nada más divertido que ese edifico pegado y atravesado por un enorme tubo rosa cogiendo la apariencia del Castillo Ambulante. Qué atrevimiento!
Pese a tantos manifiestos arquitectónicos que han investigado con arquitectura de vanguardia en temas como la vivienda en pre y postguerras (siedlunges), o las actuaciones urbanas postmodernistas (IBA); las actuaciones ex-novo actuales tienen la peor estética de centro comercial (con excepciones) y la restauración se pierde con intenciones fashion o a lo walt disney.
Además, si alguien busca (como Ale y yo) el edificio de Zumthor “Topographies des terrors” pues no lo encontrará, porque, aunque se inició su construcción, lo han demolido por superar el presupuesto indicado y por complicaciones constructivas, y han convocado un nuevo concurso. Increíble, pero cierto.
Seguramente, hay un exceso de acontecimientos para una ciudad, demasiada historia que produce contradicciones en su imagen y en su cuerpo.
Pero es Berlín, y solo esta sinfonía suena así. Irrepetible.
Y es que Berlín tiene garra. Tiene ganas de llenar sus vacíos, o si no, el tiempo se encargará de convertirlos, casi por arte de magia, en frondosos parques.
Berlín es para el viajero, arrogante y zalamera a la vez. Poco honesta. No te enseña las cosas con facilidad. En el fondo te pide que te quedes a vivir y no la veas con estos ojos de turista.
Pero, ¿quien se atreve con el frío de invierno, si ya en verano me he resfriado?
El atractivo de esta metrópoli es que a través de lo que ha llegado a ser se puede evocar con nostalgia lo que sintió y fue.
Sigo pensando que tiene más carácter áquel descampado evocado en “El cielo sobre Berlín”, y no el ahora macro-complejo de oficinas acristaladas y de última generación. Al menos, el bosque de grúas ya no existe, y los árboles vuelven a ocultar lo que desmerece.
Epílogo: Aquí y acá no existen esos kebabs tan buenos, bonitos y baratos. Y, oh!, tampoco tenemos la tienda MODULOR, el paraíso de las maquetas, la pesadilla de nuestro monedero.
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